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miércoles, 1 de abril de 2009

La prueba del hada madrina


Hace muchos años un muchacho se enamoró de una bella joven, pero al pedirla en matrimonio, ésta le dijo que su hada madrina le había puesto una condición : se casaría con quien fuera capaz de hacer un agujero en el agua. -jEso es imposible! -dijo el joven. -Mi hada madrina me ha asegurado que quien de verdad me ame, lo logrará. El enamorado pensó y pensó y anduvo por muchos lugares en busca de una solución. Hasta que llegó a las tierras frías del norte y al ver un lago que estaba helado comprendió que ahí se podía hacer un agujero en el agua. Gracias a eso se casó con su amada y fueron muy felices.

lunes, 30 de marzo de 2009

Las ninfas

Ninfas son en general todas las deidades menores femeninas de la Mitología Griega. Provienen de matrimonios entre Dioses mayores, mixtos con semidioses, y en algunos pocos casos, con humanos. Recibían sus nombres especiales según la función que tuviesen atribuída o el medio en que residían, por ejemplo : las Melíades, ninfas de los fresnos; las Náyades, ninfas de las fuentes y de los ríos; las Nereidas, ninfas del océano; las Oréades, ninfas de las colinas y montañas; las Dríades, ninfas de los árboles, etc.

Ya que la mayoría de ellas pertenecen al hábitat acuático, las hemos incluído en esta categoría de "Hadas del Agua". Son muy hermosas, poseen gran sensibilidad, y han sido las protectoras de todas las artes desde siempre. Amantes de la música, todas ellas tenían alguna relación con ella, tocando instrumentos o entonando maravillosas melodías para deleite de los Dioses u hombres que en gran número se enamoraron de ellas. Han estado presentes en casi todos los relatos heroicos y románticos de la Grecia Antigua, prolongándose su aparición durante mucho tiempo en los relatos fantásticos victorianos, en el arte y la música.

Las Musas eran ninfas, al igual que la bella "Calypso", quien rescatara a Odiseo del mar luego de que su nave naufragó cerca de su isla. De acuerdo a la identidad de su padre y su ambiente, (ríos, entes o divinidades marinas) los grupos de ninfas se fueron clasificando en diferentes especies. Tenían carácter inmortal, pero a diferencia de los Dioses, podían sufrir y amar como humanas, enamorarse y hasta languidecer de pena.

Cuando ésto sucedía, o quizá corrían peligro, en innumerables ocasiones, el Gran Zeus se apiadaba de ellas y cambiaba su destino, transformándolas en aves, fuentes, árboles, o estrellas, como es el caso de las Pléyades, un grupo de ninfas que huyendo de sus captores, se elevaron al cielo con el auspicio de Zeus, dando nombre a la constelación homónima. Toda ninfa es un hada, toda hada tiene un origen, seguramente, similar al de las hermosas y legendarias ninfas.

domingo, 29 de marzo de 2009

La magia del eclipse


El día del eclipse volví al bosque para intentar contactar con el hada, para encontrar la aventura o desventura de salir de uno mismo, a lo posible o lo imposible de verla. Esa capacidad que quizá algunos tengamos en exceso.

Me fui con el poema prometido a la anjana un tanto escéptico. Yo sólo creo que existen cuando las buscas de corazón, más allá de la realidad que vemos con nuestros ojos. No obstante me parecía una locura llevar un poema, como si fuera una carta de amor a la luna, pero, por otra parte en esa locura intentaba evadirme del mundo de los mayores, donde a penas se razona, lo increíble de la realidad de este mundo civilizado.

Yo no sé dónde hay más duendes, si fuera o dentro del bosque; casi prefiero la inocencia, me decía yo, cuando subía por la empinada montaña. Me iba adentrando poco a poco entre la vegetación. El cielo con abundantes nubes, hacía que el sol fuera apareciendo intermitentemente, el bosque me parecía un buen refugio, una defensa contra el mundanal ruido.

Las alturas te van dando más higiene mental, para el verdadero sentido común. Quizá, ocurren hechos tan reales cada día, que atraviesan ampliamente la frontera de lo surrealista, es decir, tanto como si se tratara de un cuento de hadas.

Ya en pleno bosque pensaba en la belleza de la pequeña anjana, sentía cómo se iba acelerando los latidos del corazón, cuando me estaba acercando al árbol. A veces, desde lo más profundo de un monte, no se sabe muy bien cual es lo real, si lo de fuera o lo de dentro. Se tiene la sensación de vivir entre seres fantásticos, notas esa magia de sentirte observado. Me detuve ante el árbol donde hablé con la anjana de mis sueños, entre la corteza del tronco dejé el poema.

Era como la puerta de entrada de un maravilloso cuento, de pronto me di cuenta que oscurecía un poco, era el eclipse anunciado, que a penas podía ver con tanta vegetación. Noté un aumento de emoción, ahora estaba bajo el influjo del sol y de la luna juntos; todo empezó a tener doble sensación mágica.

No sabía a quien atender, si a estos seres escurridizos que se afanan por mostrar su existencia, o a un fenómeno cósmico que no ocurre con frecuencia, todo era un misterio. Parecía que las fuerzas de la naturaleza se me mostraban intensas. Por primera vez sentí un gran respeto y temor.

Me fui alejando del lugar, pero al volver la cara, vi aparecer a la anjana. Cogió el papel, lo contempló unos instantes. Sonrió feliz. Desde una pequeña distancia me tiro un beso y, lo repitió con sus diminutas manos.

Quise hablarla pero… fue desapareciendo dejando un rastro luminoso de colores, era como un revoloteo de mariposa, como un pequeño arco iris que se desvaneció.

Sentí un intenso perfume por todo el bosque, un silencio casi sonoro entre los colores otoñales, era un sitio paradisíaco. Me acerqué al árbol y en lugar del poema, me había dejado un ramo de flores silvestres.

Me gustaría no despertar del universo de los sueños, pero la realidad nos tiene prisioneros y, las florecillas silvestres al final se me habían ido marchitando.

sábado, 28 de marzo de 2009

El silencio de las hadas

En la espesura del bosque, allá donde la bruma tarda más en desaparecer, existen lugares especiales para que las Hadas puedan recuperar el Silencio.

Son espacios mágicos, sólo conocidos por ellas y donde no llega ninguna presencia humana. Rincones y claros perdidos entre los árboles son refugios ideales para las Hadas que necesitan estar solas.

Las Hadas conocen bien la importancia de la soledad plena, la que permite estar con uno mismo y reflexionar.

Encontrar el verdadero sentido al diario vivir, sin que voces ajenas distraigan el discurrir del pensamiento.

Ni siquiera ellas escapan a la influencia del mundo que las rodea y es importante el reencuentro con el íntimo ser. Renovarse, reconocerse, dejar atrás lo que molesta en el alma y volver con nuevas energías y el espíritu alegre.